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Alaciar sin maltratar el cabello: la temperatura correcta

Casi nadie quema su cabello de golpe. El daño se acumula: un poco de más cada mañana, durante meses. Y casi siempre viene de las mismas tres costumbres.

1. Usar más calor del necesario

La temperatura alta no alisa mejor, alisa más rápido. Y el cabello fino o ya trabajado no necesita esa velocidad.

La forma prudente de encontrar tu temperatura es al revés de como suele hacerse: empieza por la más baja y sube solo si el resultado no aguanta. Nuestra plancha compacta tiene 160, 180 y 200 grados justo para eso. Si con 160 tu cabello queda como quieres, no hay ninguna razón para usar 200.

2. Pasar la plancha muchas veces por el mismo mechón

Cinco pasadas rápidas no son más suaves que una pasada bien dada: son cinco veces el calor. Trabaja con mechones delgados, de forma que la plancha alcance todo el grosor de una vez, y deslízala de la raíz a las puntas sin detenerte.

Si tienes que repetir mucho, suele ser señal de dos cosas: el mechón es demasiado grueso, o el cabello no está del todo seco.

3. Planchar el cabello húmedo

El agua atrapada entre las placas se convierte en vapor, y ese vapor sale del cabello. Plancha siempre sobre cabello seco. Si tienes prisa, seca primero, aunque sea con aire frío.

Qué hacer antes y después

  • Antes: desenreda. La plancha sobre nudos tira y rompe.
  • Antes: trabaja por secciones, con el resto del cabello sujeto. Se acaba antes y con menos pasadas.
  • Después: el aceite capilar en spray, a unos 10 cm, ayuda a que el cabello no se vea opaco y se peine más fácil.
  • Cada tanto: un tratamiento de fondo, como la mascarilla reparadora, para el cabello que ya se siente áspero o poroso.

Y un día a la semana, sin calor

El cabello agradece los descansos. Si quieres forma sin usar calor, la diadema rizadora hace el trabajo mientras duermes: se enrolla el mechón, se sujeta con una liga y por la mañana el rizo ya está.

Ninguno de estos consejos promete un cabello perfecto. Lo que hacen es quitar del camino los tres errores que más daño acumulan. Todo lo demás —producto, corte, agua, sol— pesa mucho menos que estos tres.

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